Cuando todo parecía derrumbarse de nuevo y ya no quedaba más opción que seguir adelante, apareció. Justo en uno de esos momentos en los que sientes que te asfixias,
que te ahogas. Que hay viento, pero que ni una pizca de ese te pertenece. En definitiva: Apareció en el momento justo para salvarme. Fue una noche de fiesta y alcohol. ¿Casualidad? ¿Destino?
No sé cómo llamarlo.
Ni si quiera sé si existe algo más allá de esos dos términos.
Lo que sí tengo claro es que esa noche cambió mi vida.
ÉL hizo que todo girara hacia otro lado,
que mi vida diera un vuelco, un giro de 180º.